lunes, 31 de julio de 2017

Eterna brisa, de Fernando G. Mancha

A principios de los años 70 del siglo pasado, Amalia huye del país dejando atrás un matrimonio fracasado y el desapego de sus padres. A punto de cumplir los cuarenta, ansía tomar las riendas de su propia vida, gritar bien alto, en desafiante acto de rebeldía, que todavía no es tarde para empezar a vivir. En la maleta solo lleva tres de sus libros preferidos: Nada, de Carmen Laforet, La señora Dalloway, de Virginia Woolf, y Cumbres borrascosas, de Emily Brontë; en el alma, nada que perder. En Niza, contra todo pronóstico o plan, conoce a la hermosa Brisa, una joven que corre desnuda por la playa, libre como el viento, libre como siempre habría querido ser Amalia. Brisa vive en una furgoneta, bajo Le cirque bleu, de Chagall, con la compañía de una guitarra y las estrellas. Juntas deciden emprender camino hacia Italia sin más pretensiones que vivir, prendidas de la singularidad de sus respectivas almas, de su inesperada amistad.

"A mí me gustaría morir en el mar, como los viejos pescadores de manos cuarteadas, aquellos que ya no tienen nada que perder; como los antiguos capitanes de barco, de largas y canosas barbas, héroes en mitológicos naufragios; como las enormes ballenas varadas en la playa, observadas por decenas de niños que ya no quieren seguir jugando con la arena."


Conocía la prosa de Fernando G. Mancha porque el año pasado leí una de sus primeras novelas, El viejo cocinero (o Cécile y las estrellas). De aquel libro ya sabéis que me enamoró la delicadeza y la sensibilidad con las que el autor encontró la voz de una niña tan peculiar como Cécile. En Eterna Brisa, Fernando vuelve a narrar en primera persona desde la piel femenina, esta vez una mujer madura que acaba de abrir la puerta de su jaula y está probando sus alas; una mujer que desea tomar las riendas de su vida pese a que sabe que ella es más espectadora que protagonista. Pero es justo esa calidad de observadora de Amalia, su mirada llena de ternura y esperanza, la que aporta toda la belleza y la fantasía de esta historia.

Fernando G. Mancha nos cuenta, con fluidez y una hermosa capacidad narrativa -que ha ganado en seguridad, aplomo y riqueza desde la publicación de El viejo cocinero-, el viaje iniciático de un personaje crédulo e inocente pero siempre dispuesto a aprenderse los compases secretos de la felicidad. Eterna Brisa es una road movie literaria en donde la fuerza de sus protagonistas y la belleza de todo lo que las rodea, así como la magia de los momentos que comparten, configuran un viaje en busca de la felicidad. Me ha gustado por sus guiños literarios (¡Ay, ese niño que irrumpe en escena a lo Peter Pan con un "¿por qué lloras?"), por la música, por la belleza de sus escenarios, por ese techo de Chagall o por la Venus de Stanhope. Pero sobre todo la he disfrutado por la buena prosa de su autor, su paciencia para llegar a buen puerto, su delicado equilibrio al borde del realismo mágico (atención a la historia de la familia de Brisa) y por su honrada y justificadísima advertencia al lector antes de leer el epílogo (gracias, Fernando, por tu exquisita consideración):

"Epílogo (leedlo tan solo si deseáis conocer toda la verdad aunque, ya sabéis que, muchas veces, esta duele más que aquello que se ignora.)"

Ojalá David Foenkinos hubiese tenido el buen criterio y la sensibilidad para con sus lectores de adjuntar una nota semejante antes del maldito epílogo de La biblioteca de los libros rechazados

Lector, un viaje iniciático tan singular y bello como la cortesía de un autor que tiene mucho que ofrecernos.


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14 comentarios :

  1. Cómo nos fastidió lo de Foenkinos. Y mira qué majo este hombre que ya avisa que nos va a tocar las narices con el epílogo.
    Me gusta todo, la idea, que se lleve Nada, mi libro favorito, que aparezca algo de Chagall, y que sea como una road movie y además bordee el realismo mágico. ¡Me lo quedo!
    Besos

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    1. Je, je, muchas gracias, Norah. ¡Ojalá lo disfrutes! Feliz tarde.

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  2. Pues mira entre tu reseña que es también muy poética y lo barato que está en Amazon me lo llevo... :) Y eso que no he leído nada en plan road movie... ;)
    Un besazo

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    1. Gracias, Nitocris. Espero que te guste. ¡Feliz agosto! :)

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  3. Cosa más bonica de portada y, preveo, de interior. ¡Lo quiero!
    Besos.

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  4. Desde que nos hablaste de "El viejo cocinero" tengo apuntados tanto este como "Alejo en su laberinto" (bueno, eché un vistazo a los libros de este autor y me apetecían casi todos, pero estos los puse como prioritarios), y ahora añado el que nos traes, "Eterna brisa". Y yo, que sabes que prefiero mil veces el papel al kindle, agradezco enormemente lo ajustado de los precios que tienen en papel, porque cuando me ponga con ellos los compraré en ese formato.

    A Norah te la has ganado con Nada, y a mí con Peter Pan... y quiero ver esa evolución que comentas. Lo dicho, apuntado junto a los otros ya apuntados previsamente :)

    ¡Besote!

    (oye, el trauma este que tenéis con Foenkinos es digno de estudio, ¿eh?... jajaja)

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    1. Muchas gracias, IN. TANTO EL VIEJO COCINERO como ETERNA BRISA o EL ABUELO PACO Y EL ARCOÍRIS son más del tipo FEEL GOOD STORIES mientras que mis novelas anteriores son más existencialistas. Un abrazo. :)

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  5. Me parece una reseña muy "te pongo la miel en los labios", así que me lo he comprado en digital, porque en casa ya no me caben más libros.

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    1. Muchas gracias, Sueños. Ojalá que disfrutes con la lectura de mi última novela. Feliz tarde. :)

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  6. Este libro es tan feelgood, ¡tan tú!

    Buena reseña!!! :)

    Besos,

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    1. Sí, es una reseña inteligente y hermosa por la que le estoy muy agradecido. Un saludo, Jan. :)

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  7. Este es de los míos, no lo conocía, anotado queda. Muy bueno lo del epílogo. Foenkinos hizo pupa :-D Un besote!

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    1. Rocío, tanto esta novela como la anterior que he escrito (El viejo cocinero o Cécile y las estrellas) tienen algo que ver con tu apodo, Cazaestrellas. Si lees alguna, espero que te gusten. Feliz semana.

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